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Era una mañana fría, lluviosa. No me apetecía un colín levantarme para ir a clase; así que prendí una antología de Bécquer y me quedé, arropado entre las sábanas, leyendo al maestro sevillano en Sevilla. De repente, me vi invadido por un arrebato poético que cristalizó en estos versos en los que, ojalá, retumbaran veniales ecos de Baudelaire.

¡Me ha gustado mucho compañero! UN placer.

Paco Jiménez hace 168 días

Muchas gracias, Paco. Un cordial saludo.

Pablo Rodríguez Sánchez hace 166 días